Primera Aventura

Lustró su vehículo con una gamuza, pateó cada una de las gomas para comprobar si no les faltaba aire, Controló -¡tuuut,tuuut ¡ – el sonido de la bocina y se dispuso a conocer el mundo que se extendía más allá de su barrio.
Puso en marcha el rodado. Mientras partía de la vereda de su casa miro a través del espejito retrovisor, las baldosas familiares se alejaban cada vez más y él estaba contento.
No se escapaba de su casa, no. No tenía ningún motivo para hacerlo, Andrés quería mucho y era muy querido. Simplemente, se había despertado con ganas de viajar y el impulso de la ganas le había hecho olvidar que lo correcto era avisarles a sus padres, pedirles permiso. Acelero .Ya estaba en territorio desconocido, No había visto antes esas vidrieras, ni aquellas chimeneas, ni esas bocacalles ni aquel señor ,que lo miro con cierta inquietud cuando Andrés pasó a su lado.¿ Se habría dado cuenta de que aun no tenia registro de conductor? Mejor no averiguarlo. Por las dudas,
Andrés imprimió mas velocidad a su vehiculo y se perdió en el agitado mediodía.
A la media hora de no verlo ocupada como estaba en la preparación del almuerzo dominguero su mamá se alarmo y comenzó a buscarlo por las casas de algunos vecinos:
-¿No han visto a Andrés? ¿Dónde estará mi hijo?- y el llanto de la señora Pilar conmovió al barrio.
Mas tarde fue a la seccional de policía próxima a su domicilio, acompañada por su esposo.
-¡No fue un descuido ,agente ¡Andrés siempre me dice donde va , lo habrán raptado
Dos patrulleros salieron de inmediato, a recorrer la zona en su busca .Los hombres se dividieron en grupos y
revisaron cuidadosamente las obras en construcción, el deshabitado jardín de la escuela, el terreno baldío, la
playa de estacionamiento clausurada por refacciones.
Entretanto, Andrés continuaba alegremente su viaje de descubrimiento. Ese domingo era una ventana abierta
sobre el mundo y el sentía un pequeño sol ardiéndole dentro del pecho, un solcito tanto o mas calido que el
que lo iluminaba desde el cielo. Ese domingo era un río transparente que lo arrastraba, produciéndole una
alegría nueva, tan distinta…
-¡Eh jovencito ¿adonde va usted? – un vigilante lo detuvo resueltamente. Andrés intento seguir su marcha pero no pudo .Una mano del señor sujeto el manubrio de su triciclo y la otra el tirador de su mameluco.
-Con que escapándose de casa,¿eh? La ventana de ese domingo se cerró de golpe.
Andrés no pudo explicar porque había recorrido tres kilómetros con su triciclo…Fue devuelto a sus papás que lo abrazaron lógicamente desesperados:
– ¿Por qué hijito, por que te escapaste?
– No me escapé…-y beso con todo su afecto al papá y a la mamá, muy compungido por haberlos hecho preocupar sin querer.
– Y nada más.
– Claro: Andrés no sabía cómo poner en palabras ese río de la libertad que lo había arrastrado…
– Claro: Andrés tenía solamente dos años….
Autora
Elsa Bornemann.
Trascripción por Carlos Saavedra.
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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. raquel
    Nov 18, 2010 @ 21:57:12

    Estan nuevamente muy activos, a mi me falta tiempo para leer todos mis correos, pero los trabajos , ensayos y entretenimientos publicados en esta revista digital, me resultan admirables y veo un aspecto desconocido por mi, del grupo
    Madre Teresa terapeutas y pacientes. Adelante y felicitaciones.

    Responder

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